Mirando los ojos de la bestia.

Ultraligero Talon XP

Llegó el domingo y con él la fecha estipulada para el primer vuelo. El día comenzó temprano: habría que transportarse a Tequesquitengo donde por sugerencia del propietario del avión comenzaríamos más temprano de lo que habíamos planeado por lo que Lula y yo tuvimos que iniciar actividades antes de lo que acostumbramos los domingos. La cita tendría lugar en la pista del Club Aéreo Vista Hermosa ubicada un kilómetro al norte del lago de Tequesquitengo, compuesta por una superficie de pasto de aproximadamente 400 metros de longitud. Al llegar buscamos el hangar; allí habríamos de conocer a los hermanos Armando y Rodrigo quienes se encargarían de apoyarnos a lo largo de esta experiencia. Una vez estacionado el coche pude ver al avión que más tarde habríamos de abordar. No podía quitar mis ojos de él, ni dejar de sentirme como quien observa una nueva especie de animal exótico por primera vez. Ante mí se encontraba un extraño dispositivo volador, demasiado grande para no ser tomado en serio, pero no lo suficiente para resultar intimidante. Su austeridad transmitía a la vez emoción y nerviosismo: unos cuantos componentes estructurales, recubrimiento, un motor y unos pocos instrumentos. Lugar para dos personas. El principal al frente con controles e instrumentos: altímetro, velocímetro, indicadores de temperatura, tacómetro, y brújula serían los componentes encargados de ofrecer información mientras un bastón entre las piernas permitiría controlar alerones y elevador, así como los frenos mediante una palanca de presión anexa; a mano izquierda la palanca que gobierna la velocidad del motor, poco más abajo otra encargada de ajustar los flaps, y un poco más allá una más pequeña para configurar el trim del elevador. A los pies, dos pedales para controlar el timón. Eso era todo. Costaba trabajo verlo en tierra, estático, inmóvil, pero también imaginarlo en lo alto, volando pese a su aparente precariedad. Se trataba de un avión Talon XP propulsado por un motor Rotax 582 dos tiempos y 65 caballos de fuerza. Una de las principales zonas de paracaidismo de la región se encuentra a pocos metros, donde de manera contrastante se aprecian avionetas con capacidad de más de diez personas en sus frecuentes maniobras de despegue y aterrizaje haciendo ver al ultraligero en verdad muy ligero. El asiento posterior es el destinado a los clientes y visitantes. Carece de instrumentos pero puede controlar la aeronave mediante una réplica del bastón, los pedales y el control de motor. A diferencia del asiento principal que se encuentra proyectado hacia la parte frontal de la aeronave, el pasajero se coloca justo por debajo de las alas, entre el piloto y el motor, pudiendo disfrutar de vistas hacia los lados y hacia abajo, pero no hacia arriba.
Nunca antes había visto un avión ultraligero en persona. El afrontarme por vez primera a la bestia que ante mi se presentaba, sumisa pero temperamental, fue ya desde tierra una experiencia estremecedora. De manera casi instintiva comencé a rodear la aeronave, tocándola, acercándome y alejándome para cubrir cada ángulo, experimentando sus superficies, como pretendiendo ganar su confianza y domarla. Tras un acercamiento más íntimo coloqué mi mano en el bastón de mando. Los controles se sintieron suaves cediendo fácilmente ante la más mínima fuerza aplicada. El aire comenzaba a calentarse por efecto de la radiación solar y pronto se manifestaron notas de combustible y aceite en el ambiente mezclándose brevemente con el pasto a nuestros pies.
Me confrontaba por vez primera con el objeto de mi deseo. El momento de comenzar la experiencia finalmente había llegado.