Lo difícil de comenzar.

Cabina de un Fisher Youngster.

Incursionar en esta actividad es todo un proceso. Las barreras de entrada son considerables, sobre todo para un chilango cuyo principal recurso es la pasión. Carezco de conocimientos reales sobre la materia, no tengo avión y si lo tuviera no contaría con un lugar para guardarlo; no tengo instructor, ni personas cercanas en el ámbito que pudiesen fungir como guía, ni un aeródromo cerca de mí. Solo tengo la oportunidad de resolver uno a uno dichos obstáculos y el deseo de hacerlo.
Ya he comenzado a dar algunos pasos en la que considero es la dirección correcta. Tengo un avión entre ojos que si todo sale bien y de acuerdo a lo planeado podría ser mío en relativamente poco tiempo. He analizado algunas opciones de aeródromos; prácticamente ya he decidido que habré de establecer mi base inicial en Tequesquitengo donde el clima no solo es favorable para volar todo el año sino también amable con el estudiante, además de ser la alternativa más próxima a la Ciudad de México y donde el gasto mensual por disponer de un hangar y una pista es acorde a mis expectativas. Todavía está pendiente el tema de la instrucción el cual ha sido un poco más complicado para mí. No hay muchas personas dedicadas a ello y me ha sido difícil encontrar una opción definitiva.
Estos tres componentes, avión, base e instrucción son los que he identificado como principales: las condiciones sine qua non para iniciar y las cuales, tras ser resueltas, me deberían presentar un escenario mucho más favorable.
Elegir avión no ha sido tarea sencilla. Me estoy inclinando por un Rans S-12 con motor de 4 tiempos (un Rotax 912). Además de gustarme la apariencia del aparato (recuerdo haber leído alguna ocasión que un avión no es bueno si no es bello), tiene muchas de las características que busco: cabina cerrada, flaps, velocidad de crucero media, hélice trasera, buena visibilidad y la mayor parte de los instrumentos de vuelo relevantes. Sin embargo, al igual que como sucede en casi todo, las opiniones sobre el desempeño de cada modelo suelen ser distintas e incluso polémicas.
El Rans S-12 es criticado por su configuración de pusher de motor alto, por lo que la línea de propulsión no coincide con el eje longitudinal de avión lo que hace que la nariz suba o baje al modificar la potencia. Tal comportamiento es común en todos los diseños de este tipo y hasta el momento no ha sido argumento suficiente para considerar que debo buscar otro modelo: no existe un diseño perfecto y siempre será necesario conocer y administrar las particularidades de cada uno. He entrevistado a algunas personas y la mayor parte de quienes lo conocen bien opina que se trata de una magnífica opción, aunque muchos de los no tan familiarizados pueden pensar diferente. Lo cierto es que se trata de uno de los modelos más populares y ello no puede carecer de sustento.
En el tema de aprendizaje, la mayor parte de las personas me han indicado que típicamente se requieren 20 horas de instrucción para poder adquirir los conocimientos suficientes para volar solo. Algunas opiniones más conservadoras hablan de 30 o más horas. Esto significaría que dedicando un par de horas por semana la instrucción debería durar entre dos y cuatro meses. Después de eso, es buena idea sumar un centenar de horas volando en las cercanías para perfeccionar técnica y profundizar en conocimientos. Así, es poco probable considerarse un piloto con capacidades suficientes antes de dos años de vuelo: toda una era aparentemente en contraparte con los comentarios generalizados que dibujan la actividad como cosa de lo más sencillo. Estoy esperando encontrar y seleccionar a la persona que habrá de ser mi instructor dentro de los próximos días. Es probable que dentro de dos fines de semana pudiera comenzar con mi primera clase y poner entonces el reloj en marcha.