El fin del principio.

Hace tiempo que no tenía esta sensación. Es una especie de euforia, un rush de adrenalina como si estuviera trepando a una enorme montaña rusa a solo segundos de ser disparado por una trayectoria abundante en vértigo y velocidad. Pero estoy en mi escritorio, escribiendo estas líneas.
¿La razón? Pues parece que finalmente he conseguido instructor. Después de realizar cualquier número de llamadas telefónicas casi anónimas a personas relacionadas con la aviación ultraligera finalmente logré dar con la que parece ser la persona indicada. Su nombre es Enrique. Su base está en Tequesquitengo y se dedica de lleno a actividades relacionadas con el ámbito en cuestión. Su método de enseñanza demanda que yo cuente con avión ya que instruye en los equipos de los alumnos. Justo lo que yo buscaba, pero haciendo un recuento rápido descubro que pese a mi emoción todavía no tengo un avión.
Y esto me da pie a escribir sobre el segundo componente de esta euforia de escritorio: el fin de semana estaré viajando a San Luis Potosí para conocer y posiblemente negociar el que será mi primer avión. Esto significa que en relativamente poco tiempo podría tener ya completa la terna de aeródromo, equipo e instructor para poder incursionar de lleno en la que hasta ahora es la aventura más excéntrica de mi vida.
Si hago un repaso por el camino podré encontrar que se ha tratado de una larga trayectoria. Comencé a interesarme en la aviación desde muy corta edad; en la secundaria estaba ya decidido a dedicarme profesionalmente a ella y tan solo un poco más tarde decliné tajantemente dicha iniciativa. Durante los años de universidad pensé que podría retomar la trayectoria de la aviación más adelante, no como profesión sino como hobby, y una década más tarde mi única aproximación con el tema había sido el aeromodelismo. A finales de 2013 consideré por primera ocasión de forma seria la posibilidad de incursionar en el vuelo ultraligero, con lo que inició mi investigación en la materia. Buscaba continuamente aviones a la venta, tratando de aprender tanto como pudiera sobre el tema. La primera conclusión fue que si bien se trataba de un proyecto viable, no era lo más sencillo. El (muy) reducido mercado de aviones en México agotó pronto su oferta, y tras una pocas semanas resultaba muy difícil encontrar un nuevo avión a la venta. Los equipos que me interesaban excedían el presupuesto que estaba dispuesto a designar, y los aviones más baratos no me resultaban lo suficientemente sexis. De manera simultánea platicaba sobre el tema en casa. Mi mujer, si bien un poco extrañada al principio, rápidamente mostró su cálido apoyo tal y como hace casi siempre cuando una idea poco convencional se hospeda en mi mente. Sin embargo, a diferencia de las otras ideas de hobbies del pasado, esta no podía atacarse de forma impulsiva y demandaba un número de prerrequisitos. Llegó 2014 con una colección de aviones anunciados en clasificados que ya conocía de memoria presentándome un escenario con escasez de material para continuar avanzando. Ese año fue muy modesto en cuestiones del proyecto. De vez en cuando revisaba nuevamente los listados de anuncios; había algunas nuevas opciones pero ninguna con las características necesarias para extraerme del letargo. Sin mucho movimiento comenzó 2015. Los primeros meses continué ausente, revisando sin mucha expectativa los nuevos anuncios. Sin embargo, comencé a encontrar opciones de aviones que consideraba adecuados y alineados a mis intereses. A los pocos días había ya memorizado los modelos disponibles y entendí que independientemente de si decidía comprar un avión o no, sería acertado tener un primer acercamiento real con la actividad. Así contraté dos vuelos, uno para mí y otro para Lula, y el 26 de julio me hice al aire por vez primera en un ultraligero. Al aterrizar el daño estaba ya hecho y redoblé la marcha para continuar el proyecto. Hoy, dos meses más tarde, la piezas comienzan a acomodarse en el lugar correcto.
Estoy tratando de evitar las conjeturas sobre fechas exactas del futuro, pero me resulta obvio que la fase de planeación está llegando a su final y pronto tendrá que dar inicio el periodo de ejecución. Con suerte, poco a poco comenzaré a escribir sobre los pasos dados y no sobre los que hay que dar.